jueves, 1 de diciembre de 2011

Otoño

Las hojas caen lentamente, rosando tu rostro. Pasas tu mano por tu cara, reparando esas cosquillas amistosas. Tu ingenio de cae en la misma, esa hoja que pronto cayo al suelo. La miraste, la adoraste y la convertiste en belleza, en arte. Siempre tan astuta, paciente y ágil para los momentos, precavida de los peligros del viento la hoja escapa de sus manos, lejos muy lejos, refugiándose entre el pasto, escondida, a salvo, esperando que pase la noche, que esa mujer se vaya y la deje tranquila. La mujer desespera, la busca y la busca, pero no la encuentra, cae en lagrimas, pero la hoja inmóvil solo puede mirar. El viento la levanta de nuevo, pero se aleja aun mas y impulsada por simples ráfagas de viento, se aleja para siempre. El tiempo pasa y la mujer aun solloce en los bancos de la plaza, volviendo todos los días, buscándola y buscándola, pero al fin de las semanas, todo esto acaba. La hoja no vuelve, ahora es dueña de los vientos. Quien sabrá por que, quien podrá decirle a aquella mujer que es de lo que esto se trata, la mala suerte?, el karma acaso? No, es algo mas...Pero la espera calma los vientos, las tormentas, ella no vuelve y la hoja reposa sobre una casa, lejos muy lejos de la antigua plaza.

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